El fútbol, reescribiendo la historia

20 Junio 2018

Zona Zero.

Por: Hervey Torres Fonseca

El triunfo de México sobre Alemania el pasado domingo, ha generado opiniones disímbolas en todos los sectores de la sociedad. Por un lado, los que amamos el fútbol, aún sentimos que lo que vivimos fue un sueño (y si es así, por favor, no nos despierten) y por otro, está el sector de sus detractores, que afirman que este deporte, no es más que un medio del gobierno, para mantener distraídos y a su conveniencia, a la parte más desvalida de la sociedad.

Ante esta disyuntiva, vale la pena recordar las palabras del desaparecido Eduardo Galeano, el escritor uruguayo, quien representa sin duda, una de las plumas más brillantes de nuestra América latina: "Para la derecha, el fútbol era la prueba de que los pobres piensan con los pies; y para la izquierda, el futbol tenía la culpa de que el pueblo no pensara. Esa carga de prejuicio hizo que se descalificara una pasión popular"

En pleno siglo XXI, que debería ser de apertura total, pareciera que hemos retrocedido tres o cuatro centurias. Las hordas de sabiondos en internet, vierten su odio contra aquellos que gozaron hasta el paroxismo, el triunfo de la selección mexicana, y como es de esperarse, los dotan de toda clase de virtudes, menos de inteligencia.

Ante tal circunstancia, la duda salta: ¿Quién tiene el derecho o la calidad moral para determinar que puede o no, hacer felices a los demás? ¿Quién autoriza a alguien para clasificar como ilegítimo, el gozo que genera que la selección de fútbol tu país, haya derrotado al campeón del mundo?

Si los intelectuales de bolsillo que se apoltronan en Twitter y en Facebook, fueran un poco más listos, entenderían que la victoria del Tri, puede servirnos para generar cosas positivas. En un México tan ávido de cosas buenas, tan golpeado por la violencia en todos los ámbitos, por la deshonestidad de sus políticos, y las discusiones bizantinas de los candidatos presidenciales, el triunfo de la selección, podría ser el trampolín que nos catapultara al siguiente nivel. 

Por ejemplo, sería útil para mostrarle a los más pequeños, que el nuestro, es un país que no sólo compite, sino que sabe ganar. Podría servirnos también para enseñarle a los menos jóvenes, que con constancia y dedicación, puedes no sólo cumplir los sueños, sino constatar que los límites no existen y que están sólo en tu mente; y a los más mayores, ayudaría para convencerlos de que si hay muchas cosas nuevas bajo el sol, y que nada, absolutamente nada, está escrito ni es definitivo.

Pero como es de esperarse, esto no ocurre. La cultura del odio sigue creciendo y la oligofrenia vía redes sociales, también. Es un momento ideal entonces, para sacudirnos estigmas, para dejar en claro que en México no usamos sombreros gigantes y nos sentamos a descansar recargados en un cactus. Que raramente comemos burritos, y que no adoramos ponerle picante hasta a la merienda. No todos somos narcotraficantes, no a todos nos gusta la música de banda, y tampoco nos sentimos siempre "muy machos". En cambio en México sabemos ganar el premio nobel de literatura, sabemos ganar el Óscar, somos capaces de influir en Hollywood, para hacer una película animada de nuestras tradiciones y convertirla en éxito mundial, tenemos a Pedro Páramo, astronautas que van a la luna, campeones en olimpiadas deportivas y de conocimiento, caminamos por el laberinto de la soledad sin extraviarnos, y somos capaces de levantarnos de terremotos por el amor que la mayoría, le tenemos a este suelo en el que nacimos.

Si Kafka, Jean Paul Sartre,  Humberto Eco y Albert Camus ( quien era portero, por cierto) amaban al fútbol, ¿Quién soy yo para no rendirme ante la magia que generan 90 minutos del deporte más bello del mundo?

Para ti, puede que sea sólo fútbol. Para mí, es gritarle al mundo, que en México, pese a todo, y contra nosotros mismos, podemos. Por supuesto que podemos.