El agua es como el fuego

19 Agosto 2016

El agua es como el fuego

Campanario/Martín Sánchez Treviño

            El urbanismo se ha convertido en las últimas décadas en uno de los problemas torales de las ciudades del mundo, ante el cual se han diseñado medidas diversas para frenar la expansión del concreto y el asfalto, pero se ha ignorado la conservación del medio ambiente. Lo que en definitiva es consecuencia de las grandes catástrofes que padecen las ciudades del mundo moderno, como son las inundaciones.

            Porque se ha ignorado el principio de que el agua corre de abajo hacia arriba y jamás a la inversa. Las consecuencias han sido severas y aleccionadoras para los habitantes de los fraccionamientos plus, con mayor razón quienes habitan la colonia o el fraccionamiento urbano, donde las viviendas no son de la mejor calidad, porque dentro de algunas de estas cuando llueve se convierten en coladeras. 

Así como se ha perdido el respeto a las personas lo mismo ha sucedido con la naturaleza, pero más aún sucede que los ciudadanos han optado por responsabilizar de la clandestinidad de los basureros a las autoridades inmediatas, pero jamás se inconforman con los estudiosos del uso del suelo, quienes en realidad son los responsables de los baches no solo de los pueblos y ciudades.

 Por lo mismo lo más viable es acusar, señalar y criticar a los gobernantes en turno. Porque el agua que corre de arriba para abajo inunda la cinta asfáltica, genera un bache y se rompió la rotula, el brazo de la dirección o el neumático se desgarro.

Precisamente porque el constructor de la obra no recibió a tiempo los estudios de impacto ambiental, que le indican que en determinado tramo de la colonia, fraccionamiento o poblado o carretera estatal o federal debe respetar el cauce de un arroyo, que está en ese sitio desde que el agua corre de arriba hacia abajo. Y olvidamos la máxima de los abuelos de que el agua es como el fuego.

Mientras que organismo y entes públicos capacitados para esos fines, ocupan los recursos para oxigenar partidos que se promueven como promotores del medio ambiente, para justificar una prerrogativa.

            Lo mismo sucede con las descargas clandestinas desechos líquidos y sólidos ya sea basura o residuos de las construcción demolidas por la llegada del urbanismo devastador. Pero el ciudadanos sigue pensando que el responsable de conservar el ordenamiento es su presidente municipal o su gobernador.

            Cuando en realidad hay organismos y dependencias creadas para esos fines con son la Semarnat y la Profepa. Pero si un ciudadano se presenta en cualquiera de estas, solo obtendrá evasivas de una y de otra dependencia.

            Pero resulta que el  encargado de realizar las evaluaciones y validar los estudios de impacto ambiental en la Semarnat, autoridad rectora, de donde dependen otros organismos afines, es un contador público que conoce de declaraciones fiscales pero desconoce la mínima normatividad. 

            Lamentable, que las políticas ambientalistas de esas dos dependencias se hayan convertido en posiciones eminentemente políticas, en la última década. Y hayan ignorado la vigilancia en las miles de explotaciones y perforaciones de gas natural en la Cuenca de Burgos. O la vigilancia rutinaria de las empresas que hay en los parques industriales de la entidad, que  funcionan a discreción.

            En otro tópico, ayer la delegación estatal del Issste entrego 13 ambulancias para fortalecer el servicio de traslado de pacientes locales y foráneos. Se destinaron a las 12 clínicas de esa institución de salud.

            Las unidades servirán para trasladar derechohabientes a hospitales y clínicas que se ubican en Monterrey, Tampico y la Ciudad de México. Cada una de las doce unidades médicas tienen una demanda de 20 traslados cada mes.