ISIS Y EL EXORCISMO DE NUESTROS DEMONIOS
Zona Cero/Hervey Torres Fonseca
17 Noviembre 2015
Anocheció en París, y no era una fiesta. El horror, la desolación, la desesperanza, el miedo y la duda, se apoderaron de la ciudad más cosmopolita del mundo, y nos mostraron que en pleno siglo XXI, la intolerancia y el fanatismo religioso, son asignaturas que día a día, cobran más adeptos.
Tocaba en la sala Bataclán, la banda de hard rock estadounidense "Eagles of death Metal", y los extremistas, decidieron abrir fuego en el sitio, por ser - en propias palabras de los asesinos- una concentración de apóstatas, en un concierto amoral y de desenfreno. Los resultados, y el resto de los puntos de ataque, los conocemos todos.
Como es habitual, los usuarios de redes sociales, se volcaron en muestras de solidaridad y de afecto con las víctimas y familiares de los atentados que el estado islámico, se ha adjudicado. Mark Zuckerberg y compañía, llevaron a cabo una campaña para que el mundo, mostrará su empatía colocando en su foto de perfil, una marca de agua con la bandera de Francia. Los resultados, fueron asombrosos.
Una impresionante cantidad de facebookeros, comenzaron también, a dar muestras de repudio a aquellos que colocaron el estandarte galo en sus fotografías. Los tacharon de hipócritas, de farsantes, de borregos, de doble moralistas, y de otra serie de linduras, que harían palidecer al mismísimo Satanás en el infierno.
Se puede o no estar de acuerdo con una postura ideológica, puedes simpatizar o no, con determinada corriente política, es totalmente válido profesar determinada religión u otra, lo que no es válido bajo ningún punto de vista, es ofender y dar muestras de odio a quien no piensa como tú, porque finalmente, te conviertes justamente en eso contra lo que estás protestando.
El viernes fue París, pero también ha sido México, ha sido Nicaragua, ha sido Siria, ha sido Nigeria, ha sido Sudáfrica, ha sido Vietnam, ha sido Japón, ha sido Estados Unidos. Todos hemos sido testigos del horror que puede causar el hombre a sus congéneres, y en pleno siglo XXI, es triste darnos cuenta que no hemos comprendido la paradoja. No hay muertos de primera, segunda y tercera clase; un muerto duele siempre, pero cuando una vida se pierde a causa de la necedad, la falta de sensibilidad y el hambre de poder, debería dolernos más.
John Donne, escribió hace más de 400 años: "Ninguna persona es una isla. La muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad". Estos versos atemporales, fueron elegidos por Hemingway, como punto de partida de su célebre "Por quién doblan las campanas", novela que retrata precisamente los horrores de la muerte y de la guerra.
Si no aprendemos a obtener ganancias de las grandes pérdidas, vamos a sufrir mucho, decía Manolito a Mafalda, y tal vez sea esta la única lección que ISIS nos está enseñando: tenemos todavía, muchos demonios dentro de nosotros, y si no los exorcisamos, vamos irremediablemente en camino de la autodestrucción.
Así que, hoy, como nunca, no preguntemos por quién doblan las campanas, están doblando por nosotros, que nos estamos perdiendo entre el rencor, el odio a nosotros mismos, la intolerancia, nuestros miedos y nuestros fanatismos al extremo.



