De Tepito a la Alcaldía de Cuernavaca

10 Junio 2015

Zona Zero/Hervey TORRES FONSECA.


Había una vez un niño que nació en un barrio muy pobre, en el seno de una familia disfuncional, sin la figura paterna, con problemas económicos y al cuidado principalmente de sus abuelos. El niño, con un inusitado talento para el fútbol, decidió un día, que a falta de  gusto  para la gramática y la aritmética, pero con una chistera personal cargada de magia dentro de la cancha, habría de dedicarse profesionalmente al balompié. Como suele pasar en este país (tal y como afirma el grupo de rock mexicano “Botellita de Jerez”: sin palancas no busques grandezas, porque nunca la vas a tener) el pequeño futbolista fue rechazado en múltiples ocasiones, argumentándole falta de físico e inclusive, de capacidad futbolística. Hasta que un día, finalmente recibió una oportunidad, triunfó en el equipo de sus amores, conquistó a propios y extraños, se consagró como uno de los grandes ídolos de la selección mexicana, jugó tres copas mundiales (en cada una, anotó un gol), ganó mucho dinero en su país y en el extranjero, y cuando se retiró del fútbol profesional, se volvió candidato a la presidencia municipal de la capital del estado de Morelos, ganó la elección y se convirtió en alcalde. Señoras y señores, no es un cuento de hadas, es la vida de Cuauhtémoc Blanco Bravo, el último referente del fútbol de este país.

 

El triunfo político del Temo, nos demuestra dos cosas: que mucha gente en el país está harta de la terrible y tan dañina partidocracia en la que vivimos, y que en los tiempos que corren, el carisma y el arraigo de un candidato, pueden hacer a cualquiera que tenga estas cualidades, ganar una elección. A diferencia del tan pupular “Bronco”, próximo gobernador del estado de Nuevo León, el orgullo del popular barrio de tepito, no tiene un historial de militancia partidista de más de 33 años, ni conoce de primera mano los vicios y trasfondos de la política de este país. Cuauhtémoc no sabía como movilizar a una amplia estructura para llenar un evento de cierre de campaña, ni invirtió cantidades estratosféricas de dinero para rentar un recinto como la arena Monterrey. A pesar de ello, fue capaz de alzarse con la victoria en un municipio, en el que muchos de los potentados del Distrito Federal, tienen ostentosas fincas en las que pasan sus fines de semana. La aparente clave de las victorias de ambos, estriban en el hecho de que la mayoría de los votantes, ya no confía en los políticos de siempre (aunque esperemos que en Nuevo León, no les terminen cobrando la factura por la renta de la arena y lo gastado en la campaña).

 

Como suele ocurrir en aquellos casos en los que  Cenicienta se queda a bailar con el príncipe, las reacciones adversas no se han hecho esperar, y a Cuauhtémoc, lo han tundido, principalmente en redes sociales. Un amplio sector hace mofa de la falta de preparación académica del ex jugador del América, de su poca habilidad para manejar el castellano y de su evidente falta de experiencia en materia política y de administración pública.  En tales circunstancias,  ¿cómo es posible que un simple ex jugador de fútbol profesional, haya derrotado al monstruoso engranaje de partidos políticos como los del PRI y el PAN? ¿Son Cuauhtémoc Blanco y el “Bronco”, el vivo ejemplo de que las candidaturas independientes finalmente, serán reconocidas y tienen reales posibilidades de triunfo en nuestro país?

 

Quedan muchos aspectos en los que el INE y los partidos políticos deben trabajar, si lo que realmente buscan, es fortalecer la democracia en nuestro tan herido y lastimado país, y las derrotas de los Goliats a manos de estos modernos Davides, debe ser una llamada de atención y una oportunidad para corregir muchos de los vicios que tanto han dañado a nuestro pueblo. Pero el hecho de que una persona que se encargaba de repartir aguinaldos a los trabajadores de menores sueldos del club en el que militaba y que de su bolsillo salía lo necesario para organizarles comidas con motivo del fin de año, es una muestra de que la gente, sabe reconocer a la buena gente, y la gente que obra bien, recibe tarde o temprano, una recompensa.


Finalmente y contra la opinión de los detractores, Cuernavaca y Nuevo León, en pleno siglo XXI, han sentado un precedente. Será el tiempo y la historia, los que se encarguen de juzgar si para bien o para mal, y espero estar ahí, para poder opinar al respecto.