Después de lo visto lunes y martes, la preocupación domina (¡Qué vergüenza!)

30 Julio 2014

El título de la columna del viernes (Al ver lo que pasa en el Senado y en San Lázaro, ¿allá afuera ríen, o se preocupan?), debería modificarlo; lo que vimos este lunes y martes de nuestros diputados —de unos y otros, de uno y otro bando—, ayudó a responder la pregunta del viernes.

Las carcajadas que pensé como probable respuesta —de los potenciales inversionistas de allá afuera— frente al comportamiento de no pocos senadores durante las últimas semanas deben ahora, ante la conducta y visión exhibida este lunes y martes, ser dejadas de lado para quedarnos solamente con la franca preocupación de aquéllos.

Es imposible pensar siquiera, que un inversionista que estaba considerando la posibilidad de tomar riesgos en México del monto que fueran, no haya pasado de la risa contenida a la abierta preocupación. La ignorancia exhibida por unos y otros, y su visión —deje usted arcaica, infantil rayana en el retraso mental— de lo que tiene que ver con la economía y la utilización de los recursos de toda índole de un país, no preocupa, da miedo.

¿Dónde reclutan a esos personajes los partidos políticos? ¿Cómo hacen para detectar —entre millones de mexicanos, no sólo inteligentes sino que saben leer de corridito— a candidatos así, de una bajísima capacidad intelectual que roza el retraso mental y el desconocimiento, casi total, de las grandes transformaciones registradas en el mundo a partir de los años 50 del siglo pasado.

Por otra parte, ¿qué clase de electores tenemos que casi de manera mecánica otorgan su voto a esos ejemplares? ¿Qué les dan los partidos, para que casi como autómatas depositen a favor de aquéllos su voto? ¿Acaso esos electores son, aunque duela debe decirse, el resultado natural de la educación recibida?

¿No habría manera de que el viejo IFE y ahora INE —eso sí, de manera respetuosa—, les recomendare elevar un poquito las barreras de entrada para poder ser candidatos a cualquier puesto de elección popular? Además, ¿por qué los partidos antes de designarlos candidatos —a los que les vean ciertas facultades—, no les patrocinan los cursos necesarios para que aprendan a leer? En serio, si bien acepto que no pocos de los 500 diputados y los 128 senadores poseen un listado respetable de logros académicos pero, algo pasó en los seis años de su educación primaria, ¡no saben leer!

¿Acaso es una ilusión pedir que nuestros legisladores sean eso, ciudadanos capaces de entender qué es legislar, y valoren la responsabilidad adquirida?

Las condiciones que la globalidad ha establecido, no hacen excepciones; un ciudadano puede ser un dechado de entrega a las mejores acusas del sufrido pueblo mexicano, defensor de la patria amenazada por el imperio y capaz de dar la vida por mantener la soberanía pero, entendámoslo, esas prendas personales no le alcanzan para ser el legislador que requerimos con urgencia.

¿Por qué no volteamos a ver lo que hacen en otros países? Cuando nuestros legisladores viajan —lo cual hacen con una frecuencia que uno esperaría les sirviere de algo más allá delshopping—, conviven con colegas y se dan cuenta —de inmediato—, de su profesionalismo. Dominan su oficio, saben bien qué significa legislar; además, están enterados de lo que pasa en el mundo, y aprenden de otras experiencias.

Luego entonces, ¿por qué cuando regresan, no recomiendan a sus partidos hacer lo conducente para seleccionar candidatos que sepan, cuando menos, leer de corridito?