(Des)Aprobación
05 de Julio de 2016
Excelsior
En el cuarto año del sexenio de Ernesto Zedillo, el entonces Presidente contaba con una aprobación cercana al 60%, según datos de Ulises Beltrán en un ensayo publicado en Nexos en marzo de 2015. En el cuarto año, Vicente Fox le pegó al 55% y Felipe Calderón estuvo más o menos al mismo nivel. En el octubre previo a que cada uno terminara su mandato, su aprobación, según la misma fuente, estaba de la siguiente manera: Zedillo quedó cercano a 65%, Fox tuvo 58% y Calderón salió con poco más de 40 por ciento.
Desde luego que cada personaje enfrentó durante su mandato diversos aciertos y/o yerros que les abonaron o restaron aprobación. Zedillo, por ejemplo, empezó su sexenio con 76%. Desde luego, que un país que había enfrentado una contienda electoral donde se vivió el asesinato de Luis Donaldo Colosio, el candidato favorito, y la popularidad del Presidente saliente, Carlos Salinas de Gortari, le dio a Zedillo altísimos niveles que se vinieron abajo después del “error de diciembre” y la estrepitosa caída del peso frente al dólar y todas las consecuencias que conocemos de aquella crisis que hizo que el entonces Presidente perdiera más de 50 puntos porcentuales en menos de dos meses, dejándolo en 23% para el mes de febrero de 1995. Y aunque ya no llegó jamás al índice registrado en sus primeros días como Presidente, el trabajo que realizó al frente de Los Pinos durante su sexenio, sobre todo, su papel como el primer Presidente de extracción priista que se comprometía plenamente con la transición a la democracia y daba paso a la alternancia, lo llevó a superar la barrera del 50% y salió de la oficina del Ejecutivo con una aprobación que hoy quisieran muchos. Fox se las tuvo que ver con todo el conflicto del desafuero de López Obrador y aún así cerró aceptablemente bien. YCalderón a pesar de la famosa “guerra contra el narco” la libró porque el desempeño de la economía mexicana fue muy bueno a mitad de una nueva crisis económica global.
Estamos en el cuarto año de Enrique Peña Nieto y muy lejos está del índice de aprobación de sus tres antecesores. Según la encuesta publicada ayer por El Universal, la desaprobación de su mandato está en el peor índice de su historia: 63%. La aprobación ronda el 29%. Al leer estos números, recordé de inmediato lo que hace unos días un integrante del gabinete me dijo: para que el PRI sea competitivo en la elección del 2018 debe hacer algo de manera urgente respecto a la imagen presidencial. Qué curioso que alguien con altas posibilidades de ser candidato para ese entonces, tenga tan clara y comparta la idea que aquí he escrito en repetidas ocasiones: que las estrategias de comunicación presidencial en nada están abonando a que EPN remonte un poco en la apreciación ciudadana y eso repercute directamente en los que sean sus planes sucesorios.
Según lo publicado ayer, las reformas estructurales le ayudaron a mantener más o menos un nivel de aprobación aceptable —del 56%— durante los primeros meses del sexenio, pero no se ha percibido nada que ayude a mantener en números favorables la imagen de un Presidente que, según 84% de los participantes de la encuesta, es rebasado por los problemas del país.
Es evidente que la ejecución de su operación política y de comunicación seguirá siendo la misma en un futuro inmediato. Ayer lo vimos otra vez en televisión en un evento que duró casi 30 minutos. En esa línea de sobreexposición de que tanto hemos criticado aquí y que no le abona nada positivo (más bien, todo lo contrario), como se entiende en los números de la encuesta que referimos. ¿Qué harán entonces para darle la vuelta a los negativos que hoy tienen? ¿Cómo le harán para abonar, más que su propia imagen, a la de un proyecto de país que mucho ha tardado en darse forma y que costaría varias generaciones reacomodar lo que se ha avanzado si es que no se da un golpe de timón a cómo en Los Pinos entienden la operación política, la atención de crisis y la comunicación de los logros gubernamentales? ¿Cómo querrá EPN reconducir su narrativa de final de sexenio? Porque, a juzgar por los números, lo hecho hasta ahora no ha servido de, absolutamente, nada.
ADDENDUM. Y lo mismo aplica para Miguel Ángel Mancera, que llegó siendo el jefe de gobierno más y mejor votado, con más del 60%, y que hoy se encuentra en el sótano de aprobación, con apenas un 17%... ¿Y así planea darle forma a su aspiración presidencial?



