Desafíos del proceso electoral
29 Enero 2016
Por: Martín Sánchez Treviño
El proceso electoral
del 2016 plantea desafíos importantes para los participantes en el. Ya sean
aspirantes, candidatos, autoridades electorales, magistrados, consejeros,
fiscales, representantes de partidos políticos, ciudadanos en edad de sufragar
en las urnas y en condiciones de postularse así como militantes partidistas.
Que tiene como plataforma una
legislación electoral creada al antojo de la fracción con mayoría en el órgano
legislativo, legislación a la que los partidos con menos representación busca
sacarle raja, a pesar que su influencia en la elaboración del código electoral
fue mínima.
Y no obstantes a las nuevas figuras
que se desprenden de la legislación, los partidos políticos ven con extrañeza y
hasta con desdén. Quizá porque representan motivos de preocupación respecto a
su situación ontológica.
Ya que aunque las candidaturas
independientes, consideradas en el nuevo código electoral parecieran
intrascendentes, porque la presencia de 3 candidatos registrados que
compitieron en la elección federal del 2015 en los distritos de Madero, Nuevo
Laredo y Matamoros. No modificaron la numeraría de los votantes participantes.
Pero el hecho de que en ese primer “ensallo
democrático” la participación de los candidatos ciudanizados no hayan remontado
el porcentaje de la participación, según la estadística del árbitro electoral,
de ninguna manera se fue determinar que la candidaturas independientes carecen
de sentido en la última reforma electoral.
Por ese motivo resulta necesario que
los partidos hagan una reflexión sobre su oferta a los electores inscritos en
el padrón y en la lista nominal, pero sobre todo, que tengan capacidad para
demostrar a los votantes, que sus métodos para seleccionar a sus candidatos son
cada día más refinados.
Sin embargo, resulta contradictorio
que en el actual proceso, al menos en esta entidad, los partidos estén
mostrando incapacidad para que los propios militantes elijan a sus candidatos.
Y como resultado tengan un candidato surgido de los estatutos y no de las bases
partidista.
Totalmente contrario a la social democracia que reclama la población
electoral o al menos así se entiende la efervecencia de los ciudadanos
inscritos como aspirantes a ser reconocidos como candidatos independientes,
legitimados y no, porque algunos de los 65 prospectos a esa figura electoral,
han militado o traen la marca de algún instituto político.
Además habría que agregar el plus que algunos de estos representan,
porque sin una estructura como la de los partidos, que sólo con prerrogativas y
recursos “extraños” movilizan pueblos enteros. Los independientes sin un solo
centavo tienen capacidad de una movilización
espontanea, con la que simpatizan afiliados y no, con esa nueva figura
electoral.
Lo trascendente serán los resultados de los independientes en las urnas y
prosperen en sus aspiraciones. Sobre todo porque se supone que los votos que
esta figura lleva a las urnas, oxigena
los procesos electorales, porque se supone que genera nuevos votantes.
De manera que si se repite el fenómeno de los tres independientes que participaron en la elección del 2015, en el sentido de que no habrían atraído nuevos electores a las urnas, sino que mermaron votos de los candidatos postulados por los partidos políticos. Entonces estamos asistiendo a un nuevo escenario, que pone en la encrucijada a los partidos. Pero en el mundo de las suposiciones se cree que son la inercia de una sociedad inconforme y apática con el sistema y las practicas partidistas.



