Delirante

14 Julio 2015

Delirante. Todo el episodio y lo que le rodea es delirante. No se me ocurre una mejor palabra para describir el episodio que estamos viviendo desde la madrugada del domingo. Delirante por asombroso. Delirante por impensable. Por indignante. Por inverosímil. Delirante e inaudita segunda fuga de Joaquín El Chapo Guzmán de un penal de delirantemente violada máxima seguridad.

Delirante la hora en la que ocurrió (20:52 hrs del sábado 11). Delirante dónde ocurrió (por el área de regaderas). Delirante la hora en la que se dio a conocer la fuga (01:14 hrs del domingo 12). Delirantes las cuatro horas que pasaron entre que el personal del penal registró la fuga y el momento en que la hicieron pública. Delirante madrugada en la que México no hizo más que delirar en las redes sociales ante la falta de información. Delirantes horas en las que sólo podíamos pensar, durante toda una madrugada en vilo, que no podía tratarse de una casualidad que esta fuga se diera cuando Enrique Peña Nieto y todo su gabinete se encontraban en el TP-01 sobrevolando el Atlántico. Delirante pensar que sí lo fuera. Delirante ausencia de noticias, a esa hora, en la televisión. Delirantes las hipótesis en las redes sociales. Delirantes seis eternas horas que transcurrieron entre el comunicado de prensa y el mensaje ofrecido por Monte A. Rubido. Delirante el mensaje deMonte A. Rubido: la delirante descripción del delirante túnel por el que se dio el delirante escape del capo en su delirante motocicleta. Arranca, pues, el delirante domingo…

Delirantes transmisiones ante el vacío informativo y la ausencia de nuevas informaciones y la delirante prohibición para reportar en vivo desde el Altiplano la zona de la casa en la desconocida colonia de nombre delirante: Santa Juanita. Delirante repetición, pues —y hasta el delirante cansancio— de la conferencia de Monte A. Rubido y el cada vez más delirante túnel. Delirante roperazo de historias guardadas sobre el delirante currículum (criminal, empresarial, y hasta sexual) de El Chapo Guzmán. Delirante nostalgia televisiva por su fuga anterior, ya que del reciente sólo el delirante silencio y delirantes preguntas. Cada vez más preguntas, cada vez más delirantemente asertivas y dolorosas: ¿cómo consiguió los planos? ¿Cómo excavar un túnel sin que “nadie lo viera”? ¿Cómo, cómo, cómo, quién y de cuánto? El delirio de pensar que México había sido, nuevamente, víctima de su delirante corrupción. Delirante ausencia no sólo de Peña Nieto, sino de todo el gabinete de Seguridad. Delirante el que todos se enteraran de la fuga antes de la escala realizada por el TP-01 en Canadá. Que aún así, siguieran hasta París. Delirantes anuncios y cancelaciones de conferencia del Presidente. Delirante que tras la noticia, al único que hayan enviado de regreso fuera a Osorio Chong. Delirante que retuvieran a las dos cabezas de las Fuerzas Armadas para un desfile militar en el extranjero mientras El Chapo desfila quién sabe exactamente a dónde. Delirante soledad de Arely Gómez como única encargada de hacer frente a ésta, la tercera (¿la más delirante?) crisis del sexenio. Delirante que nadie haya visto nada, ni adentro ni afuera Delirante que después de su captura, no hayamos vuelto a ver una fotografía de El Chapo. Delirante ingenio mexicano que convierte sus delirantes tragedias en memes, pero curativos. Delirante, sobre todo, recordar aquella declaración de Peña Nieto: que sería imperdonable otra fuga de El Chapo… Y ocurrió. Nos ocurrió. La delirantemente dolorosa certeza de que México sigue atrapado en el delirio. El mismo pinche delirio de siempre.

Excelsior