De la peor corrupción de todas y cómo castigarla
29 Abril 2015
En México hay la percepción de que todos los políticos de todos los partidos son corruptos. Ellos mismos son culpables de esta idea porque, cuando se destapa un caso de corrupción, el señalado se defiende argumentando que los otros también hacen cochinadas. De esta forma, todos salen salpicados, lo que desemboca en el peligrosísimo sentimiento social de “que se vayan todos”.
Pero, aunque la corrupción sea un fenómeno generalizado, hay que diferenciar lo malo de lo peor. No es lo mismo la corrupción de un policía que a cambio de una mordida no infracciona a un conductor que se pasa un alto que un funcionario que se roba el dinero del erario para enriquecerse. Nadie puede justificar ni lo uno ni lo otro: toda forma de corrupción es condenable y debe ser castigada. Pero también debemos reconocer que no todos los casos son iguales, que sí hay diferencias.
En lo personal, pienso que una de las peores corrupciones posibles es cuando un gobernante se vende al crimen organizado o cuando, de plano, es parte del grupo delincuencial. Nada peor para una democracia que tener a los mafiosos instalados en el Palacio de Gobierno. No sólo pueden delinquir con toda impunidad sino que acaban deslegitimando a las instituciones del Estado. Las consecuencias son nefastas. La gente, desesperada, se desilusiona de la democracia y demanda una dictadura militar que ponga orden. En otras ocasiones organizan grupos paramilitares para proveerse de seguridad.
Es lo que ocurrió en Michoacán. La historia es conocida. Lo que no sabíamos era el nivel de penetración que tenían los Caballeros Templarios en el gobierno deFausto Vallejo. Hoy, gracias a Denise Maerker y Carlos Loret de Mola, observamos videos reveladores de hasta dónde el hijo del gobernador, Rodrigo Vallejo, uno de sus operadores políticos, convivía y negociaba con Servando Gómez Martínez La Tuta. En medio de un ambiente relajado, cordial, tomando whisky, intercambian opiniones de la política estatal. Rodrigo le revela que, si su padre se retira del cargo por su enfermedad (lo que de hecho ocurrió), Jesús Reyna ocuparía su puesto (lo que también sucedió). Resulta que Reynatambién era parte de la operación delictiva de los Templarios en Michoacán.
En el colmo del cinismo, Rodrigo invita a La Tuta a su casa y hasta le ofrece enviarle un helicóptero. Increíble: el jefe de los Caballeros Templarios invitado a meterse a la piscina del hijo del gobernador. O los Vallejo estaban vendidos al crimen o eran parte de éste.
Ahora bien, este tipo de corrupción, como todas, se puede y debe castigar de dos maneras: la judicial y la política.
La judicial es meter en la cárcel a los responsables. En el caso de Michoacán,Jesús Reyna, exgobernador interino, se encuentra tras las rejas acusado de delincuencia organizada. Rodrigo Vallejo fue arrestado y procesado por el delito de encubrimiento. Hace pocos días salió bajo fianza pagando la ridícula suma de siete mil pesos. A Fausto Vallejo, judicialmente no lo han procesado. En suma, hasta ahora, el castigo judicial no ha funcionando, aunque el secretario de Gobernación ya dijo que la Procuraduría General de la República abrirá una nueva averiguación en contra de Rodrigo a la luz de los nuevos videos. ¿Y su padre? ¿No sabía nada Fausto? ¿Su hijo se reunía con La Tuta sin su conocimiento y consentimiento? ¿No tendrían que investigarlo?
El segundo castigo es el político. Si la justicia no funciona, por lo menos los ciudadanos pueden castigar en las urnas al partido que postuló a Vallejo y que, a la postre, instaló a los Templarios en el Palacio de Gobierno. En este caso es el PRI. Lo increíble es que, de acuerdo a la última encuesta de Parametría, publicada la semana pasada, el candidato priista a la gubernatura, Ascensión Orihuela, tiene posibilidades de ganar en las próximas elecciones de junio. Está empatado con los otros dos candidatos (Silvano Aureoles y Luisa María Calderón) con un tercio de las intenciones de voto cada uno. Pero, de acuerdo a Parametría, Orihuela es el candidato que más está creciendo de los tres.
¿Cómo es posible que el PRI, después de que su gobernador Fausto Vallejo le entregara el gobierno a La Tuta, pueda volver a ganar? A lo mejor ese tercio de michoacanos que tienen la intención de votar por el PRI están recompensando al gobierno federal, también priista, que eficazmente intervino para acabar con los Templarios. Quizá. No lo sé. Lo que sé es que, si gana el PRI las elecciones en Michoacán, me parece que no habrá ni castigo judicial ni castigo político para la peor corrupción de todas.
Twitter: @leozuckermann



