Corrupción: el pepino y la paletita
15 Enero 2015
Cuando un país se acostumbra y acomoda a la corrupción, los gobernantes continúan lucrando con sus puestos. Si de repente, por alguna razón, estalla un escándalo, los involucrados recurren al subterfugio de ofrecer una “muestra de transparencia” para comprobar su dizque “compromiso con la honestidad”. Eso es lo que ha pasado en México en las últimas semanas.
El presidente Peña —presionado por la brevísima cobertura mediática de las casas propiedad de la constructora Higa: las que le prestaron durante su campaña presidencial y las que financiaron a su esposa (la llamadaCasa Blanca) y a su secretario de Hacienda en Malinalco— hizo pública su declaración patrimonial. Su riqueza, sin contar la de Angélica Rivera, es de alrededor de 45 millones de pesos; incluye cuatro casas, un departamento y cuatro terrenos. Como no hizo públicas sus declaraciones de impuestos, no sabemos si esta riqueza es producto de su trabajo legítimo y herencias. No obstante, el paso dado por Peña es importante: por primera vez en la historia contemporánea de México conocemos la riqueza de nuestro Presidente.
Lo interesante es que Peña instó a otros funcionarios a hacer lo mismo. En el lenguaje del PRI de antes, que tanto les gusta a los priistas del Estado de México, la recomendación presidencial era orden para los subordinados. Como en la Iglesia católica, en el sistema priista lo que hacía el Papa lo tenían que hacer los cardenales, obispos y hasta monaguillos. No ha sido el caso. En eso sí podemos decir que hay un nuevo PRI: el que no sigue las recomendaciones de su Presidente cuando se trata de dar muestras de transparencia.
Incluso uno de los secretarios ha incumplido su promesa de seguir la recomendación presidencial. A pregunta expresa de José Cárdenas en su noticiario radiofónico, el secretario de Gobernación prometió que haría pública su declaración patrimonial siguiendo el ejemplo de su jefe porque “no tenía nada que esconder”. Eso ocurrió hace un par de meses. Al día de hoy, Osorio Chong no ha hecho pública su declaración patrimonial. Al parecer le está apostando a que las palabras se las lleve el viento.
Los medios de comunicación, por su parte, tampoco han hecho su trabajo. Que yo sepa, ningún entrevistador, salvo el caso citado, les ha preguntado a los secretarios, gobernadores, diputados, senadores, etcétera, si ellos van a hacer pública su declaración patrimonial comoPeña. Parecería que no es un tema. Es una ignominia que los medios no presionen para que haya más muestras de transparencia de los gobernantes.
El que trató de aprovechar políticamente el asunto de las declaraciones patrimoniales fue el jefe de Gobierno del Distrito Federal. Ni tardo ni perezoso, para diferenciarse del gobierno priista, prometió que él y todo su gabinete las harían públicas. Parecía una buena jugada política. Ayer, después de esperar muchos días, finalmente aparecieron las susodichas declaraciones en la página de la Contraloría General del DF. Son una burla. Pura información general sin montos. No sabemos el valor de las propiedades y las cuentas aparecen con “saldos variables” por lo que es imposible saber si hay depositados cien pesos o quinientos millones. DeMancera, por ejemplo, lo único que se reportó es que posee “una casa en copropiedad, cuatro departamentos (uno de ellos en copropiedad) y dos locales”. Tiene “efectivo, inversiones y otros valores” en “organizaciones privadas, bancarias con saldos variables”. Nada más. Lo dicho: una burla.
Y los gobernantes seguirán burlándose de los contribuyentes porque, como dije hace un par de días, a los mexicanos les vale un pepino la corrupción. Ni los escandaliza ni los moviliza. Tristemente se han acostumbrado y acomodado a ella. Con gran cinismo, algunos hasta presumen que es “parte del folclor nacional”.
Hace poco, un inversionista extranjero dijo a propósito de la llamadaCasa Blanca de la Primera Dama: “no sé de qué se sorprenden ustedes los mexicanos de esto; nosotros siempre hemos sabido que son un país corrupto”. Me dolió el comentario. Se trata de una verdad muy vergonzosa. Por lo que tampoco debe sorprendernos que, cuando de repente explota uno que otro escandalillo, los involucrados le ofrezcan a la galería una paletita para que se entretengan un rato chupando: en eso, me temo, se han convertido las “muestras de transparencias”.
Twitter: @leozuckermann



