Consejos para seductores posmodernos
No está usted para saberlo, apreciable lector, pero quien estas líneas escribe tiene una historia sentimental bastante peculiar. En mis años escolares, fui el típico cerebrito con muy buena reputación, pero con un éxito nulo en el campo de las parejas y los noviazgos. Casi al final de la universidad, conocí a la mujer con quien terminaría casándome —y teniendo dos preciosas hijas que son la sonrisa de mi rostro—, y viví con ella de manera exclusiva y fiel hasta que nos separamos, de modo que viví prácticamente en celibato y cautiverio hasta hace ocho años, cuando reingresé al mundo de la soltería.
Al principio, me sentía como debió de haberse sentido Keiko, la orca que, un buen día y ya plenamente instalada en la adultez, fue liberada en mar abierto y por primera vez en su vida fue dueña de sus pasos. Qué placer, qué dicha. Y también, ¡qué terror el tener que valerse por sí misma, obtener su propio alimento y acercarse a otras orcas! En resumen: hasta los 35 años, yo fui un total fracaso en asuntos de mujeres. Pero un día, vaya usted a saber por qué, algo cambió. Algo me dijeron, algo aprendí o algo se ajustó en mi cerebro y, aunque usted no lo crea —como lo dije en algún otro blog— con ésta, mi cara de papa, empecé a tener un éxito aceptable en el complicado ritual de la seducción.
Vaya, soy el tipo de hombre a quien sus amigos se acercan a pedir consejo sobre cómo proceder con sus respectivos intereses amorosos.
No entraré en aritméticas indiscretas que sólo resultarían chocantes y sonarían a vanagloria, pero le pido que me crea cuando afirmo que estoy capacitado para hablar con cierta autoridad sobre el tema que hoy quiero abordar. Vaya, soy el tipo de hombre a quien sus amigos se acercan a pedir consejo sobre cómo proceder con sus respectivos intereses amorosos. Y poramigos, quiero decir amigos y amigas. Y sí, como a todo el mundo, de repente se me escapa la liebre o me sale el chirrión por el palito —aunque suene feo—, pero en términos generales las cosas me salen bien y consigo lo que me propongo.
Pues pocas cosas resultan tan embarazosas como ver a un congénere comportándose como un torpe troglodita o dejando pasar oportunidades preciosas,
Entonces, si usted cree que estos consejos —que, le prometo, no encontrará en ningún website o blog, ni en ningún libro o manual de seducción— pueden serle de utilidad, se los comparto gustoso, pues pocas cosas resultan tan embarazosas como ver a un congénere comportándose como un torpe troglodita o dejando pasar oportunidades preciosas, o a una mujer trastabillando en sus tacones de seducir o siendo abordada por hombrecitos que han visto demasiado porno y demasiadas series gringas.
Por simplicidad mental, estas ideas están redactadas desde el punto de vista masculino, pero en una de esas resulta que, si usted invierte los papeles, son de aplicación unisex. Igual no, pero ahí van, pues:
BATEE SÓLO A LAS BOLAS QUE VIENEN EN ZONA DE STRIKE
¿Qué pasa aquí? ¿Vamos a hablar de ligues o de béisbol? Sucede que a veces las metáforas deportivas son muy útiles para explicar ciertos conceptos. Y en este caso, el primer consejo es evitar la primera tentación de todos los hombres: ir detrás de la mujer que le gusta. Señores, les tengo noticias: eso resulta tan efectivo como dejar un currículum en el buzón con la esperanza de encontrar trabajo. Eso es tanto como si usted estuviera en su turno al bat, y le tirara a las bolas que están fuera de su alcance, demasiado bajas o demasiado altas o demasiado lejanas. Fuera de la zona de strike. Por lo tanto, considere que sus mayores posibilidades de éxito están en la zona de strike; es decir, entre las mujeres que manifiestan algún interés en usted.
¿Y cómo puede darse cuenta de ello? Poniendo atención, escuchando con cuidado, observando su lenguaje corporal y tratando de poner en perspectiva las acciones que su interés amoroso tiene para con usted. Por ejemplo, si le gusta la recepcionista de su edificio y ella responde sus saludos con el mismo tono frío y robotizado de siempre, pierde usted su tiempo; si, en cambio, ella sostiene contacto visual, sabe su nombre y ocasionalmente le pregunta cómo está o algo sobre usted, o hace cualquier comentario para hacer la plática, quizá es porque usted le interesa. Ya habrá que averiguarlo con el tiempo. Así que no pierda el tiempo con las mujeres que no le hacen caso, aunque le gusten mucho, y mejor empiece a conocer a aquella a quien usted parece gustarle.
ATAQUE Y ALÉJESE, ATAQUE Y ALÉJESE…
En algunas ocasiones, la seducción se parece a una buena pelea de box: al principio, los dos oponentes se ponen de pie, y empiezan a reconocerse y medirse; tiran unos cuantos golpes flojos e incluso pueden recibir uno que otro impacto para medir la pegada del contrincante, antes de entrar en una lucha franca, de la que saldrá mejor librado —y logrará la seducción— quien aseste los golpes más certeros y defienda mejor sus flancos débiles. En este punto, recordemos lo que decía el imbatible Muhammad Ali: “Float like a butterfly, sting like a bee”; o lo que es lo mismo: “Flota como una mariposa, pica como una abeja”.
Una técnica que resulta útil es abordar a la víctima lateralmente, en una plática casual y sin sustancia y, de repente y sin previo aviso, soltar una pista de que uno está interesado en ella. Pero recuerde: hay que flotar como una mariposa, no dar pisotones como elefante, ni pretender derribarla en el primer round. Un simple comentario, una insinuación, es suficiente. Entonces, uno flota como mariposa, suelta dos o tres golpes certeros y se retira. Una segunda vez, uno danza, hace fintas, suelta dos o tres golpes certeros y se retira. La tercera vez, en lugar de tirar golpes, uno baja notoriamente la guardia —o, al menos, eso es lo que ella creerá—, como incitándola a aproximarse, y si nuestro objeto de deseo se acerca al golpeo cuerpo-a-cuerpo cara-a-cara, es signo de que ha despertado su interés. Y casi siempre, eso termina bien.
ADOPTA LAS CUATRO ACTITUDES DE LA SEDUCCIÓN
Sea galante. La galantería, me parece, es una virtud que está siendo olvidada, y es algo muy sencillo, disfrutable y que, si usted anda en afán interesado, puede dejarle buenos dividendos. La galantería es como la caballerosidad, pero con un toque de maldad; se parece a la actitud de cualquier otro macho animal cuando se encuentra en disposición de cortejo. Y una mujer sabe distinguir entre quien es caballeroso por educación y quien está siendo deliberadamente galante con ella.
Sea divertido. Una de las principales virtudes que he oído en innumerables conversaciones con mis amigas del sexo femenino, es que el hombre debe tener la capacidad de hacerlas reír. Una buena conversación, ágil, fluida, con toques de humor y que logre mantener su atención durante más de diez minutos, y que esté salpicada de chistes, bromas y anécdotas graciosas —sin convertirse en bufoncito, por favor—, puede ser más determinante que el costo de la cuenta en el restaurante que eligió para cenar.
Sea interesante. Ser interesante es tener temas de qué hablar y, al mismo tiempo, tener la capacidad de escucharla —genuinamente; si su prospecto le aburre y sólo la pretende por una cuestión física, le sugiero que mejor se retire— y sepa establecer un diálogo a partir de los temas de mutuo interés. Que es muy distinto a dos monólogos que corren cada uno por su lado.
Sea coqueto. Esta es una actitud muy importante, a menos que uno esté interesado en caer en el pozo sin fondo que los gringos llaman “the Friend Zone” —o, como dicen en mi tierra, “mejor quedamos como amigos”. No de entrada ni de sorpresa, pero cuando usted lo juzgue conveniente, haláguela, dígale piropos, señale este o aquel detalle y hágale saber que ella le gusta. Quizá se aleje, quizá no, pero es mejor hacerlo antes de terminar la tercera salida. ¡Por favor!
Y de pilón: si alguna vez en esta carrera alguna de sus víctimas responde a tus requiebros con un “No, gracias”, es momento de disculparse, retirarse de la campaña, replegarse y hacer un análisis post mortem para ver qué hizo mal.
No sea terco: en asuntos del corazón, no aplica eso de que “el que persevera, alcanza”.
@fcomas
Excelsior



