Es 8 de marzo (¡no 10 de mayo!)

09 Marzo 2016


Según el portal de la SSP de la capital, son 11 mil 419 mujeres quienes forman parte de la plantilla de esta dependencia. Ayer, estas mujeres estuvieron junto aHiram Almeida, titular de la dependencia, a quien escucharon decir que “la mujer es estética, ética...” o algo así. Esto, al tiempo en que oficiales de policía —hombres— se encontraban en las calles no previniendo delitos, no salvaguardando a la ciudadanía, sino repartiendo flores entre las transeúntes, detalle que iba acompañado por una tarjeta escrita en tipografía cursi (de ahí el termino “cursivas”) y en tonos apastelados. Claro, porque según su concepción de género, las mujeres somos cursis y apasteladas. Y a eso es a lo único que aspiramos: a la melcocha.

Así de reduccionista y torpe es la manera en que muchos entienden lo que conmemora el Día Internacional de la Mujer. Razón suficiente para creer que no hemos aprendido nada. Si tiene alguna duda al respecto, basta que eche un ojo a las cuentas de Twitter de todos esos políticos que confunden el 8 de marzo con el 10 de mayo, peor, con ese 10 de mayo en donde los hijos llegan a casa con una licuadora bajo el brazo. O peor aún: con ese 14 de febrero en que el novio llega sólo con flores porque no se le ocurre nada más, porque hay que salir del paso.

Seguramente habrá visto o no habrá podido escapar de estas lamentables “celebraciones” que algunos hombres realizaron en el marco de ésta que no es un festejo, sino una fecha conmemorativa. O más bien, un recordatorio de todos esos temas que aún son pendientes con respecto de nuestro lugar en la sociedad.

En 2015 teníamos cuatro secretarias de Estado. Hoy ya nada más tenemos dos (y una procuradora). Así se lo conté hace unas semanas, cuando en otra conmemoración —Día de la Constitución— Arely Gómez y Claudia Ruiz Massieudestacaban de entre un presídium integrado por 34 personas. Mujeres, sólo ellas. Y si le escarbamos más, encontramos muchos más ejemplos. Sólo hay, hoy por hoy, una gobernadora en la República. Afortunadamente, más diputadas y senadoras gracias a la cláusula de paridad de género en las candidaturas a puestos de representación. Ayer escuchaba los discursos de Peña Nieto o de Mancera y ninguno hablaba del 22.9% menos que percibimos las mujeres si comparamos nuestros salarios con el de los hombres. Tampoco escuché a Moreno Valle hablar de los feminicidios en su estado. López Obrador les regaló “a las mujeres en su día” una reedición del spot que el TEPJF le acaba de “bajar” de la radio y la televisión”. El secretario de Salud, Narro Robles, nada dijo sobre la epidemia de embarazos adolescentes en México. A Luis Videgaray, quien como diputado presentó tantas iniciativas en favor de las mujeres, ayer no lo escuchamos contarnos que éstas son más cumplidas como contribuyentes. Osorio Chong tuvo que recibir a no sé cuántos miles de mujeres campesinas, pero nada nos dijo sobre ese sector triplemente discriminado. Y quien sí tendría algo que presumir, Aurelio Nuño, no dijo ni pío sobre un dato fundamental: 97% de las niñas acaba la primaria contra 95% de los niños; o 69% de chicas que acaba la secundaria contra 66% de los chavos. Pero hasta Aurelio dejó pasar esta fantástica oportunidad. Los que sí hablaron, lo hicieron sólo para decirnos lo maravillosas que somos, el sostén de la familia, el lado suave de la sociedad y… (no lo dijeron, pero obvio lo pensaron), el porcentaje mayoritario del padrón electoral.

No se trata de dividirnos. Se trata de entender que hombres y mujeres somos iguales, que somos 100%, que somos la mitad de una sociedad que, mientras no genere una equidad de género en todo terreno, tendrá que conformarse con andar como un cuerpo cojo: tropezando y cayéndose de manera no sólo recurrente, si no autodestructivamente inevitable. No es 10 de mayo: es 8 de marzo, una fecha para recordar que este México todavía tiene a su 51.2% de potencial no plenamente aprovechado.

Excelsior