Caucus y efecto
3 Febrero 2016
La buena: perdió Trump. La mala: ante Ted Cruz. La peor: Marco Rubio va a ganar a ambos. El próximo 9 de febrero será en New Hampshire donde decidan los republicanos quiénes permanecen en la lista de aspirantes. En la que será la segunda parada de las elecciones primarias de EU y, aunque odiemos admitirlo y a pesar de su derrota del lunes, Trump llega como favorito en las encuestas del lado republicano. Pero las encuestas “de dientes para afuera”. Y llega con un descalabro que no resulta sorpresivo. La campaña del empresario se ha valido de declaraciones desafortunadas, lo que le ha asegurado gran presencia mediática y de igual forma se convirtió en un arma de doble filo. Sus dichos son aplaudidos sólo por quienes no salen a votar. Por eso hace un par de días, en Iowa, no arrasó como él esperaba. Logró un segundo lugar, superado por cuatro puntos porcentuales por Ted Cruz. La noche del lunes, Trump reconocía su derrota y la disfrazaba de triunfo, argumentando que era honroso su segundo lugar, pero ayer en Twitter escribió que los votantes no estaban valorando el hecho de que se estaba autofinanciando su campaña, lo que no ocurre con Cruz. Lo que es cierto para los republicanos, es que tener a Trump como contendiente atrajo en Iowa a 50% de votantes con respecto a la misma elección en el proceso anterior. Y aunque en México tendríamos razones para celebrar el descalabro en urnas que le dieron al empresario, lo cierto es que con cualquier otro de los aspirantes republicanos la cosa no nos pinta mejor. Cruz pertenece a un ala conservadora que es apoyada por grupos evangélicos; hace unas semanas, lanzó un spot de televisión donde el mensaje fue contra los migrantes. El también senador por Texas ha asegurado que de ser Presidente construiría un muro fronterizo, así como a triplicar el número de patrullas a lo largo de los más de tres mil 100 kilómetros que mida la división territorial entre México y EU. No es, pues, un candidato más amigable con los migrantes. Y del lado de los demócratas, al tener sólo a tres aspirantes, que en realidad ya sólo son dos después de que Martin O’Malley bajó su aspiración el mismo lunes por la noche debido a sus muy escasos votos, también en Iowa. Para ellos las cosas pintaron más complicadas de lo que se esperaba. La victoria de Hillary
Clinton, si bien es triunfo, se da con un mínimo de diferencia que, prácticamente, es un empate con Bernie Sanders, quien ha logrado el apoyo de los millennials(los electores más jóvenes) y quienes se consideran más liberales, según lo reportó ayer un estudio publicado por The New York Times. Esto se debe al tono populista de Sanders con el que ha llevado su campaña, al hablar de educación superior gratuita y programas de sanidad pública universal, por ejemplo; promesas que suenan bien en campaña, pero que resultan complicadas de concretar en la realidad. No sólo por esa diferencia (la estatura de la estadista) es donde Hillarytiene la ventaja, sino en el apoyo de las minorías de los afroamericanos, los latinos, los gays... y claro, un buen porcentaje de mujeres. Una ronda de victorias —desde las primarias hasta en la elección donde se decida al próximo Presidente— la convertiría en la primera presidenta mujer de la que es todavía la nación más poderosa del mundo, sino porque posee amplia experiencia política en todas las plataformas: sabe como pocos de economía, de seguridad, de relaciones internacionales, de equidad de género, de educación, de salud. De aquí al Super Tuesday, no podríamos esperar otra cosa más que la exsecretaria de Estado logré abrir la brecha frente a Sanders; eso por encima de lo que suceda con los republicanos, de quienes ya sabemos no tenemos a quien irle, porque sí, lo que sea que suceda del otro lado de nuestra frontera norte, va en repercusión inevitable para nuestro país. A México le conviene sólo una socia en nuestro país vecino y se llama Hillary Clinton.
Excelsior