Carta abierta a EPN

7 Mayo 2015

Escribo esta carta, inspirada por la que ayer publicó el diputado Fernando Belaunzarán, dirigida a quien dos veces compitió por la Presidencia de la República: Andrés Manuel López Obrador. No es materia de esta carta retomar, ni sus argumentos ni sus críticas, ni sus sugerencias (de AMLO yo también he escrito mucho en los 18 años que lleva en permanente campaña). Pero sí quiero sumarme a su intención de utilizar nuestra voz y espacios, en aras de insistir en lo que consideramos urgente para este país, que amamos tanto. Y a usted, Presidente, quiero compartirle algunas de mis preocupaciones (que, acaso, sean también las de otros mexicanos):

1) Tras doce años de gobiernos de alternancia en la Presidencia de la República, el PRI regresó a Los Pinos, siendo usted su abanderado. México venía arrastrando ya un clima de polarización política desde hacía nueve años; pero no sólo eso: adicionalmente, venía de verse, con absoluta nitidez, como un país sangrado por el crimen organizado, asfixiado en todas sus esquinas por el delito, la extorsión, el secuestro y la muerte. Entiendo que uno de los propósitos iniciales del gobierno que usted encabeza fue “tomar distancia” del discurso del sexenio anterior y salirse de la lógica discursiva de la “guerra contra el narco,” para poder sacar adelante las urgentes reformas estructurales que lo posicionaron ante los ojos del mundo como el reformador que México esperaba. Pero ¿y qué pasó entonces? Pasó Ayotzinapa. Porque, no por “no mencionar” al narco, éste desapareció o dejó de delinquir. No es materia de esta carta discutir si su gobierno tardó, o no, en reaccionar. Tampoco si lo está enfrentando mejor o peor que el gobierno anterior. Lo que varios expertos aseguran es que esta historia de horror seguirá repitiéndose mientras las premisas no se modifiquen. Lo vimos este fin de semana en Jalisco. ¿Acaso ha llegado el momento para que México, señalado como el imperio global del tráfico de drogas, se replantee la posibilidad de legalizar un negocio, a todas luces millonario, que ha logrado corromper a tantos en todos los niveles de gobierno (de su partido y de todos los demás, Presidente) y, sobre todo, que ha acabado con la vida de tantas personas? Adicionalmente, y dado que las condiciones económicas externas, que no dependen ni de usted ni de su equipo (el fortalecimiento del dólar y la caída de los precios del petróleo), valdría la pena explorar esta opción para que el dinero (sucio) que genera ese negro sector pasara a la legalidad, vigorizara la economía mexicana y pagara los impuestos que sufragamos los mexicanos del sector formal. ¿Cuántas vidas más, cuánto desgaste y horror adicionales, de no hacerlo?

2) El PRI regresó a Los Pinos con todas las virtudes asociadas a la marca: en efecto, lograron, con capacidad de operación política notable, sacar adelante seis reformas que antes, parecían una “misión imposible”. Pero también regresó, al menos a los ojos de la ciudadanía, con el más trágico defecto asociado a la marca: la corrupción. Más allá de que la famosa Casa Blanca de las Lomas, haya sido adquirida por su esposa Angélica Rivera (la mismaCarmen Aristegui —periodista que dio a conocer la nota—, la pudo haber adquirido con el salario que percibía), lo cierto es que, en la percepción pública, persiste la idea de que, al menos, existió un conflicto de interés en su adquisición. Asumo que a usted y a su equipo les interesaba una ambiciosa agenda de reformas: no unos ladrillos en Paseo de la Reforma. Pero existe la percepción de que no hay una real intención de aclarar a la brevedad este asunto. Presidente: contrate una firma de auditoría independiente, extranjera de ser posible, para que esa duda no siga ensombreciendo los tres años que su sexenio todavía tiene por delante. Ah, y sobre todo, que el cariño no le gane cuando alguno de sus colaboradores incurra en falta al cargo que usted les encomendó: el corazón no puede ni debe estar por encima del Estado. Castigue a quien se deba castigar. Que sea ésta la ocasión para poner los cimientos de un verdadero Estado de derecho, que combata la corrupción y la impunidad, el gran pendiente de nuestro país.

3) Usted tuvo siempre, Presidente, la reputación de ser un político que sabía escuchar. La gente, de todos los niveles socioeconómicos, educativos, ideológicos, atraviesa una crisis de desesperanza. Vuelva a escucharnos, a todos. Siendo su mayor virtud, no deje de ejercerla.