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Una elección en nuestro país no sería tal si no salieran los dos candidatos punteros a declarar victoria. Tremendo osazo, porque inevitablemente uno de ellos termina agachando la cabeza, cediendo el triunfo, no importa que se haya obtenido con un pequeño porcentaje de diferencia. Eso, al menos, porque hasta hemos visto a candidatos proclamarse ganadores legítimos.
Lo mismo ocurrió el domingo en Baja California. Las coaliciones con oportunidades de ganar, la que comandó el PRI y la que encabezaron PAN y PRD, alzaron la mano de sus respectivos candidatos el domingo por la noche. Y sí, osazo, otra vez, el de cada elección.
Y eso que no estamos contando aquel otro, el que hizo el PREP, arrojando datos errores aritméticos tales que lo llevaron a su invalidación, lo que obligó también a ambos candidatos, a reservarse la celebración por una victoria que se estaban saboreando con todo y errores.
Mañana se tendrá certeza de quién resultó ganador, hasta el momento en que se escriben estas líneas, es Francisco Vega, el panista, quien lleva una ligera ventaja. Esto le permitiría a Acción Nacional conservar el que ha sido su bastión electoral por más de 20 años, desde que se convirtieron en ser los primeros en arrebatarles una gubernatura a los priistas, justamente, la de Baja California. De hacerse oficial la tendencia, tambiénGustavo Madero estaría asegurando una breve época de tranquilidad, una que le permita seguir al frente del partido con, al menos, un resultado bajo el brazo. Habrá que ver qué más podría hacer para sustentar su permanencia al frente del partido, antes de que la evidente división interna lo obligue a salir.
La gubernatura de Baja California era el botín de la elección del domingo, justo porque se jugaba la permanencia de la que ha regresado a ser oposición frente el gobierno federal. ¿Qué habría pasado si el PRI recuperaba este territorio? Tanto habría significado para Acción Nacional y el PRD, los que se unieron en esta estratégica alianza, aunque sobre todo los primeros, perder un bastión que históricamente significa tanto para ellos. Y aquí entre el asunto del Pacto por México, rehén favorito de los partidos de oposición, el que “amenazan” romper, cada que sus intereses están en juego.
“Cerrada, más sin embargo clara...”, me decía ayer en entrevista Kiko Vega en la Segunda Emisión CadenatresNoticias. “Estamos muy confiados de que ganamos la elección, se va a demostrar en el conteo (...) esta tendencia es irreversible (...) Yo me comprometo, primero, a defender hasta el último voto de los baja californianos...” y es que siempre en estos casos, cuando las tendencias marcan diferencias entre el primer y segundo lugar, de unos cuantos puntos, qué fácil se cae en la trampa para del compló, de la tranza. Los dos candidatos pasaron de la confianza que lucían el domingo por la noche, a la cautela a la que quieren aferrarse de aquí al inicio del recuento de votos el día de mañana.
El bastión más importante jugado en la elección del domingo, sumergido en la última tendencia electoral: comicios reñidísimos que deberían obligar a los partidos a no cantar victoria tan pronto... y que hablan también, de la necesidad de la oposición para unirse, habla de una vulnerabilidad que no podrán dejar atrás, hasta que no reconozcan que no están en su mejor momento, porque así como este triunfo podría verse bien, lo cierto es que es compartido y prácticamente de panzazo.
Calaboración de Excelsior



