Brujería, política o la farsa de la buena fe
2 Junio 2017
Brujería, política o la farsa de la buena
fe
Deysi
Sánchez
No es nada nuevo que muchas personas quieran aprovecharse de las
desgracias de otras, y es que cuando hablamos de las diferentes maneras de
lucrar y sacar ventaja de la buena fe, o ignorancia, ejemplificar no es fácil,
pues nos quedamos cortos al nombrar sólo algunos de los diferentes timos que
existen para lograr estos propósitos.
No es raro ver cientos de personas que recurren a la tradicional,
muy a nuestro pesar, brujería. Gente en su mayoría humilde que hace grandes
esfuerzos económicos para poder ir a ver a un brujo que le ayude a mejorar su
suerte, su economía, su salud o que les ayude a retener o conquistar a una
persona. Y aunque sean prácticas milenarias y que forman parte de nuestro
legado, con el tiempo y la ciencia se ha comprobado que estas prácticas no
sirven de mucho, salvo para mentalizar a las pobres personas que acuden a
personas con falta de ética y sentido común.
Pero ésta no es la única clase de timos que saca provecho de las
buenas voluntades, pues en la actualidad hay una ola muy fuerte de “medicina
alternativa”, de supuestas fuerzas cósmicas y
de prácticas extranjeras que han ganado mucha popularidad. El Internet
nos muestra anuncios de todo tipo de estos engaños: horóscopos, reiki,
alineación de chakras, acupuntura y sin fin de métodos que prometen la cura
milagrosa de cualquier enfermedad física, mental y hasta espiritual. Una de las
tendencias que cada día tienen más adeptos es sin duda el famoso “coaching”,
que son terapias de grupo y que muchas veces están lideradas de psicólogos que
“renuevan” a los individuos por medio del desbloqueo psíquico y de muchos
discursos de autoayuda, autoestima y liderazgo, lo cual no estaría mal, sino es
porque son etapas momentáneas, terapia que sirve por un par de meses y que
después todo vuelve a ser como al principio.
Pero a pesar de todas los anteriores, hay una práctica que se lleva
por mucho el primer lugar y se trata de “La Política”, ese sistema que fue creado desde antes de
Cristo y que el principal objetivo era ver por el pueblo, como su etimología lo
exhibe y que sin embargo en la actualidad, y desde hace varios siglos atrás,
sólo sirve a unos cuantos, a los que están dentro de ella con algún puesto
público, esos que en cada campaña electoral muestran su mejor sonrisa y se
disponen a dar un baño de pueblo, que hacen promesas que van desde mejorar el
entorno social, la economía, el aumento de oportunidades laborales,
mejoramiento en el sector de salud y todo esto a cambio del voto ciudadano. Es
verdad que ya casi nadie cree en los políticos, pero es casi inevitable que
cuando son tiempos electorales la mayoría terminen inclinándose por el partido
o candidato que más se ajuste a sus necesidades o en el peor de los casos,
terminen votando por “el menos peor”.
Los ladrones de cuello blanco serán por excelencia los peores
timadores del pueblo, pues prometen, prometen y prometen… y juegan con las
ilusiones de los sectores más desprotegidos, de esos que carecen de todo,
incluso de decisión propia. Es triste ver como en cada elección se regalan
esperanzas en forma de despensa, en forma de tarjeta rosa, en distintos
materiales y colores. Es triste ver como somos víctimas de corruptos que van
desde unos que pide $500 por un amarre hasta los que piden una clave electoral
para terminar de hundirnos, “su gente”, en la miseria.



