¡¡¡A ese punto quería yo llegar!!!

13 Marzo 14

El Filosofo de Guemez
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Tamaulipas está enriquecido por la presencia de cientos de personajes que con su actuar forjan una cultura popular llena de alegría, sentido de vida y fina ironía, hacen que se logre el estallido de lo diverso con los colores, olores, sabores y amores que la cultura popular posee, dentro de estos personajes hay dos “especies” a las que vale la pena volver la vista, ellos son: Los cazadores y los pescadores.

Como aquél viejo cazador que platicaba con sus nietecitos, quienes lo rodeaban cariñosamente en torno al antiguo sillón de la sala en el que estaba apoltronado. 
? Miren mijitos –les dijo señalando a la pared– ese trofeo que tengo aquí, bueno, pues este antílope lo maté en África... De repente me pasó por enfrente, lo centré con la mira y PUM, que lo mato...
? ¿Y ven ustedes aquel león de allá?, bueno, pues después de matar al antílope, el león olfateó la sangre, que se acerca sin darme cuenta; cuando volteo, que lo veo, lo pongo en la mira y PUM, que lo mato.
? ¿Ven a ese gorila que está allá?, ese lo cacé en otro viaje que hice al África, me lo encontré de pronto en un árbol y PUM que le disparo. 
? Otra ocasión, tenía cuatro días en África y no había cazado una buena presa, cuando repentinamente que veo un oso blanco; que lo centro en la mira y...
? ¡Oye, oye guelito!... –Interrumpió unos de los nietos– los osos blancos son del Polo Norte.
? Eso fue lo que le dije: ? ¿Qué estás haciendo aquí cabr..?... ¡¡¡Vete pa’ tu tierra, te vas a deshidratar!!!.
Esos es lo que me digo a mí mismo, qué ando haciendo en otras tareas que no sean las de vibrar con ingenuidad provinciana, el sentido de vida, el sentido común y la buena fe con la que el viejo Filósofo de Güémez vive.
Pescar y cazar, es algo tan antiguo como el hombre mismo; representa una actividad que requiere habilidad, genio, sutil ingenio, graciosa picardía y hasta fina ironía de los hombres que hacen de la pesca y la caza una vocación.
Los cazadores y pescadores son coloquiales en su lenguaje, amables en su trato, amigables en su actuar, con un hablar popular sencillo y ameno, a veces con aspectos vulgares, otras más groseros, otras más altisonantes, muchas veces rudos cual ropa de trabajo como manta tosca, como grito de amor a la vida de una cultura popular que se niega a morir, que con voces atrevidas y las más de las veces pícaras, llenan a nuestros personajes populares.
Entre cazadores y pescadores es frecuente el uso de signos y de voces con doble sentido que traslucen la desnudes de la voz popular, que dejan al descubierto los atrevimientos, sentires y pensares siempre francos y directos de la vocación de estos personajes, para quienes la imaginería no tiene límites, como aquel médico de profesión, cazador y pescador de vocación, con el que llegó Don Lupercio, un viejecito de 95 años para un chequeo de rutina; el doctor le pregunta:
? ¿Cómo se siente?.
? ¡Nunca estuve mejor! –le responde el paciente– tengo una preciosa novia de 18 años embarazada que tendrá un hijo mío.
El doctor, rascándose la cabeza piensa por un momento y tosiendo nerviosamente, le dice:
? Permítame contarle una historia: “Simpliano era tan ávido como descuidado cazador. Nunca se perdía una temporada de caza; cierto día salió rápido de su casa y se confundió, tomando el paraguas en vez de su rifle. Estando en el bosque, apareció un gran oso frente a él, rápidamente levantó su paraguas, apuntó al oso y le disparó”
? ¿Y qué pasó? –preguntó el inquieto anciano.
? El oso cayó muerto frente a él.
? ¡Eso es imposible!, –exclamó Don Lupercio – ¡¡¡algún otro hombre debe haber disparado por él!!!.
? ¡¡¡A ese punto quería yo llegar!!!. -Dijo el doctor.
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