Aborto: el verdadero crimen

29 Junio 2016

En septiembre de 2013, Margarita, de 41 años, se enteró que estaba embarazada. Antes se había sometido a un bypass gástrico, con el que pretendía controlar su sobrepeso. Esto, junto con su edad, provocó que su embarazo fuera considerado de alto riesgo. Según médicos del ISSSTE, estos factores podrían provocarle complicaciones diabéticas, tromboembolismo y preeclampsia. Ya había tenido una amenaza de aborto que la internó varios días. Al avance del embarazo, se sometió a una amniocentesis genética, para conocer el estado del bebé y tuvo nuevamente una amenaza de aborto, pero fue dada de alta al día siguiente. Fue internada en el hospital 20 de Noviembre de la CDMX.

Dos semanas después recibió los resultados de aquella prueba: ahí supo que se trataba de un varón, pero presentaba el síndrome de Klinefelter, padecimiento que provoca que no se desarrollen los genitales en la pubertad. Con este dato, más las dos amenazas de aborto previas y el estatus de su salud, considerado de pronóstico reservado, Margarita pidió a sus médicos, en dos ocasiones, que interrumpieran su embarazo, para esto se apoyó en la opinión de un médico cirujano especializado en ginecología y obstetricia, quien de nueva cuenta informó de los altos riesgos del embarazo. En las dos solicitudes la respuesta fue la misma: no; pues los médicos del ISSSTE consideraron que el síndrome de Klinefelter permite la autosuficiencia de quien lo padece. Es decir, en su juicio sólo consideraron la salud del feto, no de la madre. A pesar de que en la CDMX el aborto es legal hasta la semana 12 de gestación, los médicos argumentaron que, al ser una institución que depende del Estado, debían acatar las normas del Código Penal Federal. Evidentemente, como lo decían los pronósticos, el embarazo se complicó y Margarita recurrió a una clínica privada para realizarse un aborto de emergencia.

Hoy se discutirá en la SCJN este precedente. El siempre brillante y progresista ministro Arturo Zaldívar decidió tomar el caso para presentarlo en la Corte: es una discriminación basada en el género. Lo que se pretende es marcar un precedente para que el aborto sea considerado como un pleno derecho de las mujeres. Inconcebible que los médicos en el ISSSTE hayan considerado en este caso sólo la salud del feto y no la de ella, quien pudo haber muerto si no hubiera interrumpido su embarazo.

Actualmente, en nuestro país el aborto sigue considerándose como un delito. Con excepción de lo logrado en la Ciudad de México, en el resto de los códigos estatales es un tema que está sujeto a tantas vaguedades que, como con Margarita, termina quedando a juicio de los médicos. En todo el país se permite cuando es producto de una violación, pero sólo en 24 estados si el embarazo representa un peligro para la madre y sólo en 14 si hay malformaciones congénitas. Para el resto de posibilidades, el aborto no se ve como un derecho sino como un crimen. Cuando el crimen en realidad es otro: el que pone en peligro no sólo la libertad si no también la vida de las mujeres que deciden hacer uso de su derecho, sí, su derecho a decidir. El de obligar a las mujeres a traer un niño no deseado al mundo (muchas veces con un padre ausente, por cierto) es el verdadero crimen.

El proyecto que discutirán hoy los ministros considera que el aborto debe ser una práctica médica que se asegure en todo el país y en todas las instituciones de salud sin que importen las razones. La criminalización del aborto es un sinsentido: hace unas semanas la Suprema Corte de EU también la declaró anticonstitucional.Barack Obama lo celebró y aseguró que el fallo “protege los derechos de la mujer y su salud”.

Ojalá los ministros de la Primera Sala que discutirán hoy el impecable proyecto deArturo Zaldívar voten a favor de la vida: pero de la vida de la mujer, ésa que ya nació, ésa que ya está viva y tiene una vida que, por lo absurdo de las leyes actuales, se ve orillada a poner en riesgo. Y porque decidir sobre su propia vida es su derecho inalienable. Si los ministros CossíoPardoPiña y Ortiz Mena no lo votan a favor saben bien que estarán, ellos, cometiendo un crimen en contra de todas las mujeres. Una suerte de criminal feminicidio que hasta hoy continúa legal e inaceptablemente tolerado.

Excelsior